“Pío Baroja, a escena”

408518_179895078801088_2035712056_nDías pasados me dieron la noticia de que una editorial va a reeditar el próximo año 2016 esta biografía de Pío Baroja que publicó la editorial Espasa-Calpe en el año 2006.
Ya antes de entrar en imprenta, cuando estábamos reuniendo la documentación fotográfica que acompaña a esa edición, mis relaciones con la editorial se estropearon y comenzaron a ser poco fluidas, digamos, por motivos que nada tenían que ver con Baroja.
No me imaginaba que también iba  ser la causa de que mis relaciones de amistad con la familia Baroja se iban a estropear e iban a quedar dañadas. Nunca he llegado a saber qué fue exactamente lo que en este libro les molestó, tanto como para romper una relación de afecto que había sido excelente hasta entonces (de los insultos en la Sala de Cultura Julio Caro Baroja, de Bera, hablaré otro día… en la regata del Bidasoa te enteras de todo) y que es, sin lugar a dudas, lo más triste y lamentable de toda esta historia.
Cuando el libro por fin salió a la calle, hacia mayo de ese año, la editorial Espasa no hizo presentación alguna del libro y envió los ejemplares de prensa tan a regañadientes como a cuentagotas, de modo que el libro fue muriendo al poco de nacer. Tuvo una acogida de prensa menos que mediocre, fue objeto de una crítica académica acerba y maliciosa, y al final fue por completo silenciado, convertido en algo menos que en una rareza. En la red no es fácil encontrar mucho de significativo sobre el libro. ¿Lo boicotearon? Creo que sí –barojianos, incondicionales, oportunistas, amigos, amigotes…no faltaron voluntarios que, encima, se acusaban unos a otros de haber suministrado información maliciosa a la familia–… de la misma forma que entre unos y otros vetaron mi participación en un congreso sobre Baroja que Ramón Tamames iba a montar en Pamplona con objeto se sacarse unos jugosos ingresos: la familia Baroja acusaba a la dirección de Cultura del Gobierno de Navarra y esta a la familia. ¿A quién creer? No lo sé, pero estimo que quien dirigía entonces el Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, era  persona más retorcida que todos los Baroja juntos, pasados, presentes y futuros, sin comparación vamos, algo asombroso. El Congreso no se celebró, pero me permitió publicar mi ensayo Tiempos de tormenta (Pío Baroja 1936-1940), rigurosamente silenciado, que es una ampliación exhaustiva de varios capítulos de esa biografía, los referidos a al Guerra Civil y el exilio francés del escritor.
A la próxima edición le añadiré un epílogo en el que relataré todo lo sucedido estos años, además de incorporar datos nuevos reunidos tras unas lecturas “barojianas” que no han cesado. Son incontables las horas de trabajo dedicadas a ese libro, en condiciones no muy favorables, sin las facilidades de las que gozan los profesores universitarios, como para dejar que esa biografía caiga en la inexistencia y quede en nada.

ITem más: como dato curioso diré que el libro me ayudó a salir de un mal paso en Bolivia, cuando fui detenido por la FELCN. Depués de que los perros olfatearon el ladrillo empezaron a darse cuenta de que estaban cometiendo un error: era muy raro que un “historiador” (eso me dijeron) fuera a la vez mafioso italiano y buscadísimo narcotraficante.

Diálogo con Juan Pedro Quiñonero…

Juan Pedro Quiñonero en su blog “Una temporada en el infierno”

“Diálogo con Miguel Sánchez-Ostiz sobre los inéditos de Baroja
septiembre 10, 2006”

Miguel Sánchez-Ostiz acaba de terminar una nueva novela, que mañana entregará a su editor. Horas antes, hemos sostenido un diálogo postal sobre los libros inéditos don Pío Baroja y los aspectos / territorios todavía mal explorados del inmenso legado barojiano.

¡Todavía quedan novelas inéditas de Baroja..!

Este ha sido mi diálogo con Miguel:

¿Cual es el material todavía inédito de Baroja? ¿Cuando se irá publicando?

––Lo fundamental y más publicable de los inéditos barojianos es una novela titulada Los caprichos de la suerte, que es continuación de Miserias de la guerra, y un libro de recuerdos titulado Pasada la tormenta, escrito hacia 1950 o 1951 (le habló de ello a Ruano). Nos gusten más o menos, mucho incluso, son obras crepusculares, que adolecen de estar escritas cuando don Pío no estaba en plenitud de facultades, y aun así… Supongo que esos inéditos se irán publicando en los próximos años, como ha venido anunciándose, de manera reiterada, por Pío Caro, su heredero.

Luego hay algunas carpetas, como Extravagancias. Tiempos de inquietud (con recuerdos de la guerra en París ya utilizados en otros libros) Ilusión o realidad (que según mis noticias iba a publicarse en Tusquets, junto al inédito Rojos y blancos que sale ahora), que aunque aporten datos de las andanzas de Baroja en el Madrid más popular de la posguerra, en el Rancho Grande por ejemplo, para recabar información destinada a Miserias de la guerra, están mucho menos hechos, son de una calidad inferior a lo ya publicado o meros borradores, y otras, como Siluetas, son sencillamente impublicables en forma de libro convencional, porque no pasan de ser una gavilla de notas sueltas sin orden ni concierto, organizadas por don Pío en el año 1954 o 1955 (como lo contó expresamente don Julio Caro Baroja en varios sitios). El resto de los títulos que se barajan son borradores de los libros ya publicados.

Yo como lector de Baroja y curioso de su obra y personalidad no puedo sino desear que todos los inéditos acaben publicándose, porque son necesarios para el conocimiento del personaje, la persona, su vida cotidiana y su entorno. En un escritor que se puso de manera tan habitual en escena, son importantes todos los inéditos y documentos personales, hasta las facturas o las recetas de cocina, como han demostrado biógrafos ingleses o franceses de la indiscutible categoría de Laura Adler. Para las hagiografías con la devoción basta.

Yo no creo que el motivo por el que no se han publicado hasta ahora estos libros sea, como se ha dicho, porque eran comprometedores para don Pío o para los herederos, desde el punto de vista político o humano. A la vista está que no era así. Los intereses del público y de los herederos no suelen ser coincidentes, cuestión esta peliaguda, y no me refiero solo a este caso.

A mí me ha hecho gracia una cosa. Cuando los libros estaban inéditos, las destemplanzas eran porque eran inéditos, cuando se publican, el lapo viene porque se publican y no son lo que se esperaba. Vaya por Dios…

Miserias de la guerra me sorprendió por su Gran Calidad. Me parece un Gran Baroja, a pesar de su condición de libro por “pulir”, como tu subrayas en tu edición. ¿Tienen esa envergadura algunos de los inéditos?

––Sí, por supuesto, yo creo que Los caprichos de la suerte tiene, por ejemplo, un personaje femenino (entre otros varios), Gloria, de mucha entidad, que dará que hablar, porque está muy bien diseñado, con fuerza nada crepuscular. Claro que puedo equivocarme y dejarme llevar por mis gustos. Y por ejemplo, el ambiente del Hotel del Cisne, que es el escenario principal de la narración, está más y mejor desarrollado que en la novela homónima, y hay muchas “huellas autobiográficas” de don Pío que arrojan luz sobre el día a día de su exilio parisino que, se diga lo que se diga, tuvo que ser para él algo muy traumático. Es más novela que Miserias de la guerra, lo que demuestra que don Pío no estaba acabado ni mucho menos.

Sin modificar radicalmente las distintas visiones más o menos “canónicas” de Baroja, las Miserias de la guerra y tu libro si ahondan y descubren muchos terrenos mal o muy mal explorados del legado barojiano. ¿Está Baroja por descubrir..?

––No creo que Baroja esté por descubrir, sino que hay territorios poco, nada o insuficientemente explorados, muchos prejuicios sin revisar, muchos errores de data o detalle que casi nadie se toma la molestia de corregir o investigar; y que, por fuerza, cada nueva aproximación a su obra, a la persona y al personaje que compuso, revela matices, oscuridades, valores nuevos o novedosos.

Don Julio Caro Baroja dejó dicho que lo que quedaba por escribir de su tío era “el perfil psicológico”. Eso es difícil de hacer, porque hace falta tener una preparación específica, una afición y hasta un gusto literario, y tiempo, como sabrán los especialistas en la materia, médicos, letraheridos y barojianos.

Hay también pequeños episodios mal o nada conocidos de su vida, algún viaje, algunas personas con las que trató, algún empeño frustrado, que supongo irán saliendo con el tiempo y con las sucesivas pesquisas de los investigadores, pero, en lo fundamental, no aportarán mucho, salvo que se descubra alguna enormidad, que no creo, porque no la hubo.

“El último Baroja inédito verá por fin la luz”

IMG_0003Ese es un titular del diario ABC de días pasados, muy parecido, si no el mismo en cuanto al fondo, de otros artículos publicados en diferentes medios de comunicación  acerca del “descubrimiento” de un inédito del Baroja del que se dice que es “el último”.

No hay tal, Los caprichos de la suerte no es el último Baroja inédito porque está pendiente de publicación, con las correcciones que figuren en la copia macanografiada y las cuartillas manuscrita añadidas, Pasada la tormenta, libro de recuerdos, opiniones de índole diversa y ajustes de cuentas y defensas literarios –uno muy divertido contra el poeta falangista de Pamplona Ángel María Pascual que le había acusado de dormir vestido en casa de una marquesa a la que había sido invitado y de no lavarse–; libro este escrito en los últimos años de su vida, del que al menos yo pude leer, entre el año 2005 y 2006, una versión de 261 (más o menos) cuartillas entre las que hay siluetas de diversos personajes –Lequerica, Cossío, Chaves Nogales…– y dos versiones que me parecen particularmente interesantes: la del “enjarretamiento” (genuina expresión barojiana) del libro Comunistas, judíos y demás ralea –cuartillas 171 a 175– y otra no menos interesante del asesinato de Federico García Lorca, con un retrato cruel del poeta que no pudo ahorrarse –cuartillas 237 a 240–, porque aduce “haberla oído explicar a dos paisanos suyos”. También este título estaba censado por Julio Caro Baroja en la Guía de Pío Baroja, entre los trabajos inédito ( páginas 161 y 162).

“Itzea, el mundo de los Baroja” (1998)

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El País Semanal, 9-08-1998

El fotógrafo fue Jordi Sarrá que se tomó un trabajo improbo, estudió de manera minuciosa las luces, las penumbras, los objetos… Estuve en Itzea un par de días, en la primavera de 1998, coincidiendo con Jordi Sarrà, el fotógafo, que seguro que se acuerda de la comida que tuvimos cuando terminó el trabajo. Sarrá me regaló todas las fotografías de prueba, que fueron muchas, y que perdí en una mudanza cuatro años depués, lástima.

Artículo Baroja – País Semanal 9-08-98 en PDF

“Madrid y la revolución”

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Informaciones, Suplemento Nº 205, 8 de junio de 1972.

En realidad se trata de una copia de Miserias de la guerra, de las que quedaron en manos de alguno de sus mecanógrafos. Andrés Amorós, que yo sepa, nunca ha contado cómo llegó a sus manos esa copia ni qué pasó después de que se publicara la noticia, ni por qué no volvió a dar señales de vida con ella, o si los herederos de Pío Baroja impidieron su publicación, en la medida en que tenían los derechos, en aquellas fechas que eran las del centenario de Pío Baroja que se celebró con una gran exposición en la Biblioteca Nacional y la puesta en marcha de la preciosa edición del Centenario por parte de la editorial Caro Raggio.

Item más: me olvidé de anotar que me parece que el autor de la noticia fue Juan Pedro Quiñonero, de quien hablaré aquí y de su asombroso ensayo sobre Baroja, a partir de El hotel del cisne, alguien con quien estoy en deuda en asuntos barojianos.

El Escarmiento y Pío Baroja

Raimundo García, Garcilaso, a la izquierda del general Mola, 19 de julio de 1936.

A Baroja el pistoletazo de salida del Escarmiento le pilló en Bera. Fue detenido en circunstancias confusas que  no han sido nunca aclarados del todo en la medida en que hay una cinta magnetofónica con el testimonio del médico De Santesteban, Aguirre, que acogió a Baroja la noche de su detención. Se escapó a Francia con la ayuda de un carabinero que le dejó pasar la frontera porque él no quería hacer mal a nadie. “Hay gente buena en el mundo”, escribió Baroja, y lo tachó luego. Tronchante. Baroja. Luego se instaló en San Juan de Luz, como relaté en mi libro Tiempos de tormenta (silenciado a conciencia) y barra libre, rico buffet, rico, así hasta que muy poco antes  de marcharse a París escribió una carta a Raimundo García, Garcilaso, director de Diario de Navarra, y el ayudante más asiduo del general  Mola en su conspiración contra la República y un periodista filo nazi y feroz que se hizo el amo. Le adjuntaba un artículo que se publicó al día siguiente, 1 de septiembre de 1936.

Captura de pantalla 2015-06-29 a las 19.45.20Garcilaso conocía a Baroja. Tanto como que unos meses antes, Ricardo Tejedor, el pintor de la estación del Norte,  de Pamplona, amigo de todos y también de los de la futura Nave de Baco, que ya se bebían lo que hubiera por delante y alguno de ellos se fumaba los puros y se bebía el coñac de su primo Luis Elío mientras conspiraba alegremente con un “amigo de casa”, Antonio Lizarza, jefe del Requeté; bueno pues Tejedor le avisó a Garcilaso de que Baroja llegaba en el rápido, o en uno, qué más da en cuál, de modo que el director del Diario bajó a la estación y almorzó con el escritor en la fonda. Baroja le dio un libro, dedicado, El cura de Monleón. Cuando se despidieron Garcilaso se volvió para Pamplona dándose un paseíto higiénico y hojeando el libro, y como vio de qué trataba, él que era muy católico, lo rompió en pedazos y los tiró por el puente de Cuatro Vientos al río. Poco hojeó, porque el puente queda cerca de la estación, pero bueno, eso cuentan las hagiografías y a mí me gusta leerlas, como me gustan los Ecos de Sociedad y las Gacetillas porque te dan  pistas asombrosas. Las rebabas de la época están atrapadas en esas redes de naderías.

Captura de pantalla 2015-06-29 a las 19.46.31Comienzo del artículo publicado en Diario de Navarra, el 1 de septiembre de 1936. En contra de lo que se ha dicho, este es el único artículo que Baroja publicó en el periódico de Pamplona.

Con franqueza diré que no me extraña que escribiera ese artículo y lo enviara al Diario de Navarra. Para entonces, Baroja ya había tenido oportunidad de enterarse, en San Juan de Luz, de cómo las gastaban los alzados con los familiares de los izquierdistas, nacionalistas o extremistas, sujetos a expolios y a ser retenidos en calidad de rehenes. El Diario de Navarra se vendía a diario en San Juan de Luz pues se distribuía a través de Nacho-Enea a donde llegaban todos los días más de doscientos ejemplares. Además, no veo ningún motivo de escándalo en la medida en que  Baroja  no se apartó de su ideología de fondo ni dijo nada distnto de lo que pensaba de la República y sus hombres.

* Texto publicado en el blog Vivir de buena gana el 15 de septiembre de 2012.